Autocuidado, Automedicación y Automedicación responsable.

 

La automedicación se ha convertido en una práctica creciente en la población. Este fenómeno ha sido promovido como una forma de autocuidado, con impacto positivo en la reducción del gasto dentro de los sistemas de salud; sin embargo, también se ve con preocupación, por los potenciales efectos negativos relacionados con diagnósticos y manejos inadecuados, que pueden afectar la salud de los individuos. Esta doble percepción, complica su comprensión.

 

Por lo cual definiremos estos conceptos:

 

Autocuidado es lo que las personas hacen por sí mismas con el propósito de restablecer y preservar la salud o prevenir y tratar las enfermedades. Dentro de este amplio concepto se incluye la higiene, la nutrición, el estilo de vida, los factores ambientales y los factores socioeconómicos.

 

Automedicación es la utilización de medicamentos, hierbas y remedios caseros por iniciativa propia o por consejo de otra persona sin ninguna intervención de un profesional de la salud, con el propósito de tratar o prevenir un problema de salud.

 

En cambio, la automedicación responsable es el uso de medicamentos de libre acceso, por un consumidor informado, orientada a evitar en lo posible una serie de riesgos y así obtener un beneficio de curación o alivio de alguna enfermedad. Para que exista una automedicación responsable los medicamentos utilizados deben incluir toda la información necesaria referente a: forma de administrarlos, sus efectos adversos, las interacciones medicamentosas y la duración del tratamiento, de esta manera favorecer el uso adecuado de los medicamentos por parte del paciente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El rol del farmacéutico en la automedicación responsable

 

Bajo estos conceptos, el papel del Farmacéutico consiste en orientar al paciente a elegir la automedicación apropiada y responsable o, cuando sea necesario, remitir el paciente con el médico para que valore su sintomatología.

El farmacéutico contribuye a que la automedicación se realice bajo una indicación adecuada y garantice el uso racional del medicamento.

Con esta orientación, la sociedad se asegura que haya un profesional sanitario que realice una primera valoración del problema de salud y la relación con el medicamento solicitado, al tiempo que aporta un consejo terapéutico y vela por la seguridad de ese tratamiento en el paciente. Este hecho es fundamental, si se tiene presente que el único profesional sanitario en contacto directo con el paciente que pretende automedicarse es el farmacéutico.

 

 

 

 

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